
Costa Rica entra al siglo XXI atravesando una seria crisis económica, social y de otros órdenes, pero fundamentalmente política. Hacemos la anterior afirmación considerando que el pueblo costarricense no cuenta, en el plano político, con un partido consolidado y apertrechado de un programa concreto capaz, no solo de enfrentar la ofensiva generalizada contra el modelo de estado de bienestar imperante, sino de abrir una perspectiva bien concebida y realista para construir una sociedad más justa en las nuevas condiciones mundiales.
Si en el siglo pasado el país vivió también una crisis general muy grave durante y después de la primera guerra mundial, el nacimiento del partido comunista, fundado por Manuel Mora Valverde a la cabeza de un grupo selecto de obreros, artesanos, intelectuales y estudiantes, y sobre todo la elaboración del primer programa mínimo del partido, abrieron un camino de lucha muy concreto a las masas populares para salir a las calles y los campos a luchar.
La justeza de los objetivos del programa mínimo, su derivación del estudio científico de la realidad del país y del mundo, la sencillez de su formulación y su difusión heroica por los militantes y simpatizantes del partido, no solo dándolo a conocer sino insertándose de lleno en la lucha social, permitieron la transformación de la conciencia del país y abrieron las puertas a la gran reforma social de los años cuarenta con la cual muchos de los objetivos de aquel programa se cumplieron.
De ese periodo de lucha emergieron no solo un extraordinario partido político, sino una escuela de llevar a la práctica los postulados teóricos del marxismo-leninismo. La combinación de la lucha parlamentaria con otras formas de acción de las masas en las calles, los talleres y las plantaciones constituyeron la esencia medular de la estrategia y la táctica, brillantemente expuesta por Manuel Mora Valverde en el Congreso de la República y en todas las tribunas que levantó a lo largo y ancho del país.
Sabiamente dirigido en lo estratégico y táctico, el partido se convirtió en el dinamo principal de las transformaciones sociales de los años cuarenta. Fue también la fuerza principal que en la guerra civil defendió, con valentía y heroísmo en los campos de batalla, esos grandes logros. Además, en un acto que don Pepe Figueres calificó digno de Homero, Manuel Mora Valverde suscribió el Pacto de Ochomogo que garantizaba la permanencia y ampliación de esas conquistas. Se puso fin a la guerra civil y se evitó un baño de sangre de consecuencias inimaginables al mismo tiempo que se logró lo principal en esa coyuntura: evitar la ocupación del país por fuerzas militares extranjeras, concretamente de Somoza por el norte y los marines del Canal de Panamá por el sur.
En la práctica de una audaz —e inédita en el movimiento comunista internacional— política de alianzas, en la lucha parlamentaria, en la gran huelga bananera de 1934, en la defensa de la república española y de la URSS frente al fascismo en ascenso, en la visión genial de entender la aplicación del marxismo en las condiciones tan particulares de Costa Rica, que llamó “comunismo a la tica”, en la lucha armada y luego en la labor ilegal de reconstruir al partido y su lucha, en todas esas tareas el genio político de Manuel Mora brilló con una luz propia y única, particular, siempre marcada por su talento y su cultura.
Más cerca de nuestro tiempo, ya en los años de la guerra fría, su papel en la política de solidaridad con la lucha del pueblo nicaragüense y de otros del área fue trascendental para la paz del país. Junto a la Comisión de Seguridad del partido, no solo apoyó decisivamente esas luchas sino que jugó un papel de primer orden al evitar que Costa Rica se viera arrastrada a una guerra que habría traído no solo dolor y destrucción, sino posiblemente la ocupación del país.
En la compleja situación geopolítica actual, cuando se quiere meter a la fuerza al país en el carro del tratado de libre comercio con Estados Unidos, la visión amplia y sistémica de Manuel Mora Valverde y muy principalmente su apreciación realista de la importancia de Centroamérica y el Caribe desde el punto de vista geopolítico, cobran toda su validez. No es por casualidad que el proyecto de tratado de libre comercio ha sido presentado ante el senado norteamericano como un objetivo de interés estratégico no solo en lo económico sino en los planos militar y de seguridad. La lucha de Juanito Mora y de todos los patriotas que lo han sucedido toma ahora una nueva dimensión. Se trata de una lucha no solo contra un enemigo militarmente poderoso sino también astuto y mañoso, que utiliza todos los recursos legales o ilegales en la consecución de sus objetivos. Y es precisamente en esta lucha donde el pensamiento y la vida de Manuel Mora Valverde, cargados de enseñanzas, humanismo, honradez y heroísmo cobran toda su dimensión social y política.
Frente a las corrientes que han tratado de borrar a Manuel Mora Valverde de la historia para presentarle al pueblo sus conquistas como producto de la bondad de “buenos padres de la patria” y no como producto de una gran lucha social, debe levantarse una visión objetiva y científica que restablezca la memoria histórica del pueblo. Para que todos los costarricenses y los estudiosos de cualquier país tengan acceso a una fuente objetiva y veraz sobre una gran figura patria y sobre un periodo trascendental de la historia costarricense se hace indispensable la creación de una página electrónica con el respaldo de un Instituto de Estudios del Pensamiento y la Obra de Manuel Mora Valverde, Benemérito de la Patria. Es esta la razón que nos mueve a impulsar tan ambiciosa pero imprescindible tarea, en la cual esperamos contar con el apoyo decidido de los sectores progresistas y patrióticos del país, pertenecientes a todas las clases sociales y a diferentes fuerzas y tendencias políticas.