1958
DOS DISCURSOS EN DEFENSA DE VANGUARDIA POPULAR


Se publican a continuación dos discursos de Manuel Mora Valverde. El primero de ellos fue pronunciado desde Radio Monumental el jueves 30 de enero de 1958, tres días antes de las elecciones pre­sidenciales, para contestar ataques lanzados por el ex-Presidente de la República don Otilio Ulate. El segundo fue dicho desde la Radio Voz del Trópico el jueves 13 de febrero del mismo año, pa­ra contestar el discurso del Presidente déla República don José Bgueres, pronunciado por éste al terminar la campaña electoral en la cual su Partido perdió el Poder.


1 DISCURSO


Señoras y señores:

Al cabo de diez años de silencio obligado se me permite ocupar un micrófono en mi Patria.

Antes de hoy, tanto las estaciones de radio como las columnas de los grandes periódicos, han estado cerradas para mí y para mis compañeros de ideas.

Se nos ha calumniado y no hemos podido defendernos. Han sido  deformados   y  adulterados   nuestros  actos  y  no   se nos ha permitido explicarlos.

Han sido falsificados nuestros propios documentos y se nos ha impedido desenmascarar a los falsificadores.

En nombre de la   libertad hemos sido privados de libertad.

¿En nombre de la Democracia nos han mutilado la ciudadanía.
En nombre de la justicia nos han arrebatado derechos que son n inherentes a la naturaleza humana.

Hoy, por primera vez en diez años, se nos permite defender­nos desde una estación radiodifusora. Le doy las gracias a la empresa "Gonzalo Pinto Hernández" por ese gesto de decencia cívica y de nobleza. Sé de sobra que los personeros de esta em­presa están frente a nosotros en ideas y en intereses. Pero en este caso se han comportado como corresponde a quienes llamán­dose demócratas quieran hacerle honor a la democracia.

No tiene derecho a llamarse demócrata quien por cobardía pone  candado en la boca de su adversario;   ni quien,  bajo  cualquier pretexto, obstaculiza la libre expresión del pensamiento hu­mano.
Esta salida mía de- hoy al campo del debate público ha sida provocada por don Otilio Ulate, quien, sabiéndonos marginados-como Partido en la presente contienda electoral —por virtud, en. buena parte, de sus propias malas artes— creyó que podía usarnos, una vez más, de trampolín, para sus maromas, en la función de circo que continúa dándole al pueblo de Costa Rica)

Hábil periodista es el señor Ulate. Temible cuando logra ven­cer su clásica pereza para hacer uso de sus capacidades. Temible porque no es hombre de muchos escrúpulos y cuando están enjue­go sus pasiones o sus ambiciones no tiene respeto para nadie ni para nada. De su pluma lo mismo pueden brotar mentiras que ver­dades; y lo blanco puede convertirse en negro y lo negro en blan­co; y el pecado puede resultar virtud y la virtud pecado.

Nosotros estamos convencidos de que el señor Díate, con su pluma y con sus periódicos, le ha hecho mucho mal a este país en los últimos años. Ha sembrado muchos odios. Ha llevado la confu­sión política a la mente de muchos mfles de ciudadanos sencillos y no sencillos. Ha creado el clima donde se incuban los rencores perdurables y las guerras fratricidas.

Cuando, durante la campaña para las elecciones del año 1948, don Otilio alzaba su voz contra el fraude electoral y atizaba la ho­guera que produciría una gran tragedia, más de una vez nos hici­mos esta reflexión: ¿Y qué pensará el señor Ulate del fraude pe­riodístico? (3)

El fraude electoral consiste en adulterar votos; y el fraude pe­riodístico en engañar a la opinión pública. Mediante el fraude elec­toral se sustituyen papeletas legítimas por papeletas falsas. Me­diante el fraude periodístico se lleva a la conciencia de las gentes la mentira en vez de la verdad. ¿Cuál de los dos fraudes será más funesto para la vida de un pueblo? Tales reflexiones nos hacíamos nosotros cuando escuchábamos al fabricante de fraudes periodís­ticos tronando contra el fraude electoral.

Han pasado los años y don Otilio Ulate sigue siendo el mismo periodista mañoso que nos inspiraba las anteriores reflexiones; el mismo artífice de truculencias y triquiñuelas; el mismo maestro en el arte de modelar la opinión pública a imagen y semejanza de sus rencores y de sus pasiones.
Dos son las producciones que vengo a contestarle al señor Ula­te en esta oportunidad: el discurso que pronunció el jueves 16 de enero desde una estación radiodifusora, y el artículo que publicó en "Diario de Costa Rica" ayer martes.

UN  DISCO  NUEVO

Comienzo por llamar la atención hacia un hecho muy intere­sante: el señor Ulate acuñó un disco nuevo para la presente cam­paña electoral. En vez de hablarnos como antes, de "Calderón, Pi­cado y Mora", 00 ahora nos habla de "Figueres, Orlich y Mora".

Antes, Calderón Guardia y Picado eran, junto conmigo, los abanderados del comunismo en Costa Rica, fabricantes de fraudes, promotores de violencias y hasta creadores de la poliomielitis. En cambio, los señores Figueres y Orlich, (5) que actuaban como sus aliados, eran caballeros decentes, paladines del decoro, heroicos defensores de la libertad de sufragio.

De un momento a otro, y como por arte de magia, los señores Calderón y Picado quedan limpios de toda culpa, despojados de las vestiduras rojas que el señor Ulate les había hecho a la medida, y sustituidos por los señores Figueres y Orlich.

Menos mal que no me dejó solo el señor Ulate en este horrible camino del infierno.
Pero ¿qué ha pasado? ¿Cómo ha sido posible ese fenómeno só­lo comparable al de la transmutación de los metales?

Nadie se extrañe. No es la primera ocasión en que don Otilio Ulate convierte demonios en ángeles o ángeles en demonios. Todo conforme a sus conveniencias.
Por cierto que aquí viene como anillo al dedo una vieja estrofa que el propio señor Ulate cita en su discurso: "En este mundo trai­dor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira".


¿CON ORLICH O CON ECHANDI?

Pasemos ahora a otra curiosidad.

Afirma don Otilio, que nosotros estamos ordenando a nuestros amigos que voten por el señor Orlich para Presidente de la Repú­blica. (6)

En otro lugar dice que nosotros estamos dirigiendo la campaña del calderonismo por delegación del Jefe de ese Partido.

Ahora bien: el calderonismo, en páginas completas de La Nación, aconseja, un día sí, y otro también, votar por don Mario Echandi.

De esto se desprende que nosotros estamos aconsejando, al mis­mo tiempo, votar por el señor Orlich y por el señor Echandi. Es una contradicción evidente que pone de manifiesto una vez más la falta de ética con que el señor Díate arma sus propagandas.

LA PAVA LE TIRA AL CAZADOR

Cuando don Otilio resuelve que los señores Rgueres y Orlich me hagan compañía se propone hacernos daño a los tres. En su concepto, los señores Rgueres y Orlich van a sufrir grave perjuicio político al quedar pintados de rojo. Y yo voy a sufrirlo al quedar pintado de negro.

Me interesa comentar la maniobra en cuanto se relaciona con­migo.

Según veo, lo que pretende don Otilio es presentarme como cómplice de hechos que él mismo les ha atribuido a los señores H-gueres y Orlich. Voy a enumerar esos hechos basándome en las propias publicaciones del señor Ulate.

Les hace el cargo de haber ganado las últimas elecciones presi­denciales mediante un fraude escandaloso; les hace el cargo de ha­ber aumentado sus capitales pagándose indebidamente, con dine­ros del país, indemnizaciones a que no tenía derecho; (7) les ha­ce el cargo de haber abultado la deuda política para apoderarse ilí­citamente de más de un millón de colones; les hace el cargo de conservar en su poder un armamento que pertenece al Estado y que ellos detentaron desde la época de la Guerra Civil; y les hace el cargo de mantener milicias particulares que ponen en peligro la paz de la República y la estabilidad de las instituciones.

Yo resulto corresponsable de todos esos delitos, porque, según el señor Ulate, he guardado silencio con respecto a ellos.

Ni mis compañeros de lucha ni yo hemos guardado nunca silen­cio frente a ningún error ni frente a ningún delito de ningún Go­bierno; ni de ningún hombre de gobierno. Lo que ocurre es que los vehículos de expresión de nuestro pensamiento son débiles y limitados porque nos tienen amordazados.

Nos pusieron fuera de ley obedeciendo instrucciones de fuerzas ajenas a nuestra Nación. (8) Necesitan silenciamos por dos razones:

Porque nuestra voz nunca vaciló en levantarse beligerante cuando hubo necesidad de defender los derechos del pueblo; y porque nunca les fue posible acallarla, ni con amenazas ni con dinero.

Si nos hubiéramos vendido no estaríamos fuera de ley. Si nos hubiéramos dejado domesticar no tendríamos cerradas las puertas de los comicios y hasta contaríamos con asientos en la Asamblea Legislativa y en las Municipalidades.

Porque, como decía González Prada, "todo se perdona al indi­viduo, excepto las malas ideas, lo que significa no pensar como piensa la turbamulta ni resignarse gregariamente a comer y rumiar la ración de pasto".

El propio seftor Ulate fue factor decisivo de nuestra ¡legaliza­ción: amenazando con listas negras, cada vez que lo consideró ne­cesario, logró cortamos el acceso a la gran prensa y a las estaciones de radio; como Presidente hizo sonar los sables de sus militares en los pasillos de la Corte Suprema de Justicia cuando tuvo a bien ¡le­galizar el movimiento de partidarios de la paz; y al mismo tiempo, hizo perseguir nuestra raquítica prensa y todas nuestras formas de propaganda. Y viene ahora a enrostrarnos, como un delito nuestro, el hecho de que nosotros no podamos luchar y protestar, como lo hacíamos en tiempos mejores, como si él mismo no hubiese con­tribuido a ponernos candado en la boca y amarras en las muñecas, pasando por encima de lo que él denomina sus convicciones de­mocráticas, la esencia de su vida, la luz de su existencia, el amor de sus amores, y así por el estilo.

CARGOS QUE REBOTAN

Observemos ahora cómo los cargos que don Otilio se atreve a lanzarnos a nosotros rebotan fácilmente sobre su propia actuación política.

Pregunto: si el señor Figueres llegó a la Presidencia mediante un fraude, ¿porqué lo dejó llegar el señor Ulate? ¿No era don Oti­lio el Presidente de la República cuando eso ocurrió? ¿No tenía .a su cargo -por mandato de la propia Constitución— la trascenden­tal tarea de defender las instituciones democráticas? ¿No había si­do convertido él —por mandato popular— en guardián supremo de nuestras grandes tradiciones políticas? El Presidente Ulate tenía al alcance de su mano suficientes recursos legales para impedir que se burlara, a vista y paciencia suya, la voluntad popular. Por qué no los usó? El hombre que ahueca la voz, en el discuno que estoy comentando, para decirnos que está dispuesto a sacrificar su vida para hacer respetar el derecho de nuestro pueblo a elegir su man­datario, estuvo obligado a jugarse el poder, que vale menos que la vida, para defender ese derecho en aquella oportunidad en que se­gún él fue atropellado. Una de dos: o no hubo fraude en las elec­ciones en que don José Figueres fue electo Presidente de la Repú­blica, o, sí lo hubo, don Otilio fue su cómplice.

Los mismos argumentos pueden ser formulados en relación con los enriquecimientos ilícitos que el señor Ulate le atribuye al figue-rismo. ¿Por qué no aplicó don Otilio las leyes de la República y acabó con ellos? ¿Por qué no rescató, poniendo en juego todos los resortes de que disponía como Jefe de Estado, los bienes que ilegítimamente habían sido obtenidos de las arcas nacionales? Y aquí de nuevo surge la alternativa: o no hubo sustracciones, o, si las hubo, el Presidente Ulate las toleró... por miedo o por cálcu­lo político.
De qué distinta manera se condujo el señor Ulate frente a esos engendros medioevales de la pasión política que son los fallos de los tribunales especiales creados por el figuerismo en 1949; tuvo energía suficiente para mantener en las cárceles a muchos ciudada­nos injustamente sentenciados por aquellos tribunales; tuvo ener­gía suficiente para mantener y sancionar verdaderos despojos or­denados por los mismos tribunales mediante decretos de expropia­ción ilegítimos; tuvo energía suficiente para hacerse sordo ante el clamor popular que reclamaba una ley de amnistía al calor de la cual pudieran comenzar a cicatrizar muchas heridas torpemente abiertas! Para todo eso, que era injusto y antidemocrático, tuvo energía. Pero- no la tuvo para hacer sancionar a quienes en su con­cepto habían cometido delitos en perjuicio de la República.

¿Por qué no recuperó las armas sustraídas por el figuerismo, armas que según él constituyen ahora una amenaza para la tranqui­lidad de nuestro pueblo? ¿Por qué no disolvió las milicias que se­gún su presentimiento pueden hacer mal uso de las armas? ¡Todo eso pudo y debió hacerlo! ¡Pero no lo hizo! Y ahora nos viene con discursos que no son otra cosa que un recurso para sacar par­tido de su propio delito. Y encima de eso, nos hace a los comunis­tas el cargo de no atacar verbalmente lo que él mantuvo pudiendo destruirlo.


¿PORQUE ROMPIÓ ULATE CON FIGUERES?

El señor Ulate todavía no ha logrado explicar satisfactoriamen­te cuál es el verdadero origen de su ruptura de relaciones con el Gobierno del señor Fígueres.
Los costarricenses recordamos que don Otilio es el autor de aquella extraña receta política que se denominó "plebiscito". El plebiscito cuya celebración impuso don Otilio, paralelamente con las elecciones de 1953, tenía una Qnalidad: reformar la Constitu­ción para poder él retornar al Poder cuatro años después de haber­lo abandonado. Tiene que ser muy ingenuo quien interprete de otra manera el famoso plebiscito de don Otilio.

Fígueres candidato le aceptó a Ulate el plebiscito. Pero Figue-res Presidente le volvió las espaldas y lo dejó sin reforma constitu­cional.

Ulate vio cerrado el camino para volver a la Presidencia en for­ma constitucional cuatro años después de haberla abandonado. Y todos podemos recordar que fue en ese preciso momento cuando él desató todas sus furias contra Fígueres. Entonces fue que co­menzó a denunciar todo lo que antes había tolerado y callado.

De esto se desprende, también, que tampoco ha sido sincero don Otilio cuando ha despotricado contra los gobernantes que de­jan andamios puestos para volver a la Presidencia.

FALSO QUE EXISTAN PACTOS

Nos presenta el señor Ulate como perseguidores obsecados su­yos. Dice que.nos interesa atacarlo a él antes que al señor Orlich.

Por otra parte, nos atribuye la paternidad de la campaña que el calderonismo está realizando contra él, especialmente en la provin­cia de Majuela. 1°

Tiene la audacia de sostener que el Dr. Calderón Guardia puso a mi cargo la dirección del Partido Republicano Nacional; e insiste en afirmar que existe un entendimiento secreto entre el Partido Li­beración Nacional y nosotros.
Declaro que es absolutamente falso que exista ningún entendi­miento entre el Partido Liberación Nacional y nosotros; que es falso que nosotros hayamos dado instrucciones secretas a nuestros amigos para que Voten por el señor Orlich; que es falso que "y o es­té dirigiendo la campaña política del calderonismo; y que es falso que los ataques que el calderonismo está enderezando contra Ula-te estén inspirados por nosotros. Todo eso es falso y el señor Día­te no tiene absolutamente ninguna, forma de probar lo contrario. Nosotros tenemos una línea que hemos dado a conocer al país en documento claro y franco. Esa línea, según quien la interprete, puede, en algunos casos, favorecer o perjudicar a determinado can­didato. Pero no la trazamos con el fin preconcebido de favorecer ni de perjudicar a nadie. La trazamos en la esperanza de poder conseguir, ahora, o después en caso de que haya segundas eleccio­nes, ciertas definiciones de los ciudadanos que aspiran a la Presi­dencia de la República en relación con problemas que considera­mos básicos para la vida de nuestra Nación. Pero este es asunto que trataré de explicar después.

NUESTRAS RELACIONES CON ULATE

Por lo pronto me interesa demostrar que nuestra lucha contra don Otilio Ulate no se inspira en pasiones subalternas. Permítase­me, entonces, hacer una breve historia de nuestras relaciones con el señor Ulate.

En el año 1934, cuando siendo todavía muy joven fui electo diputado, tuve oportunidad de conocer de cerca a don Otilio Ula­te. En esa época le profesaba ya enorme simpatía, porque tres años antes, lo había visto defendiendo en la Cámara de Diputados, con elocuencia y con valor, los derechos del Partido Comunista a inter­venir en la vida política del país con las mismas garantías con que intervenían los demás Partidos. Entonces el Partido Comunista acababa de nacer y el señor Ulate era ya hombre maduro. Así, no defendió en aquella ocasión al Partido Comunista por ignorancia, ni por debilidad. Lo defendió porque entonces disponía de un es­píritu libre; porque entonces nada le impedía ser consecuente con su credo político. (11)

En el Parlamento vi destacarse al señor Ulate como un conse­cuente defensor de la soberanía de nuestro país y de las libertades públicas. En. ambos terrenos me correspondió dar más de una ba­talla en colaboración con él.
Lo vi pelear también contra la injusticia social y contra los vi­cios básicos de nuestra organización económica.

Los comunistas llegamos a considerar al señor Ulate, en aque­lla época, nuestro aliado, sin que eso quiera decir que no existie­sen divergencias ideológicas entre él y nosotros.
Cuando en la mitad del período presidencial de don León Cor­tés se celebraron elecciones para elegir diputados, los comunistas fuimos víctimas de un escandaloso fraude. Fue tan evidente el atropello que el Consejo Electoral, integrado por don Ricardo Fer­nández Guardia, don Manuel Antonio González Herrán y don Francisco Chavam'a Mora, se negó a declarar electo al candidato del Gobierno y declaró electo al candidato nuestro, el profesor don Carlos Luis Sáenz.(12) El Presidente Cortés reaccionó destitu­yendo el Consejo Electoral y sustituyéndolo por otro que hizo in­mediatamente lo que el Gobierno necesitaba que se hiciera. Con siete votos falsificados el Gobierno nos esterilizó tres mu votos le­gítimos y nos arrebató un diputado. En la lucha contra ese frau­de nos ayudó decididamente don Otilio, quien puso sus periódicos a nuestra disposición para que nosotros denunciáramos ante la opi­nión pública el crimen que se había cometido. Don Otilio, por su parte, también anatematizó al Gobierno.

DON LEÓN CORTES ELIMINA A DON RICARDO

£uando el Dr. Calderón Guardia lanzó su primera candidatura, la que lo llevó a la Presidencia de la República, los comunistas combatimos al doctor, no por él mismo, sino por las fuerzas en que se apoyaba. En esta lucha estuvo con nosotros el señor Ulate; y se constituyó entonces un Partido que se llamó "Alianza Demo­crática". Este Partido era, en efecto, una alianza de fuerzas de iz­quierda, de centro y hasta de derecha, forjada para enfrentarle al Dr. Calderón un Programa y otra candidatura. Don Ricardo Jimé­nez Oreamuno (13)fue el candidato de AlianzaDemocrática.El ilus­tre Jefe del liberalismo costarricense, no obstante sus ochenta años ya cumplidos, aceptó la bandera de lucha que le ofrecía un sector importante de nuestro pueblo. Para dirigir el Partido se formó un Comité integrado por las siguientes personas: don Tomás Soley Güell, don Jesús Pinto, don Juan Bautista Ortiz, don Fernando Valverde, don Antonio Peña Chavarría, don Víctor Julio Arias, elDr. Pinto y dos representantes del Partido Comunista. Don Ricar­do me hizo el honor de ofrecerme, por medio del hoy diputado, don Roberto Quirós, la Jefatura de su Partido con autorización para que la ejerciera de manera pública o de manera privada. Don Ricardo dijo que él no abrigaba temores por mi ideología y que no le importaba que lo llamaran "Ricardo—comunista". Yo supe­dité la aceptación a la alianza que habría de celebrarse entre don Ricardo y nosotros. Pero, de hecho, y con la anuencia de don Ri­cardo, asumí la jefatura de acción y entré en actividades.

Poco tiempo después el Gobierno de don León Cortés nos echó encima toda la fuerza de su policía. Nos deshizo las asambleas po­pulares a cintarazos y nos clausuró una estación radiotrasmisora, la estación "Costa Rica", en forma brutal. Estas arbitrariedades obligaron a don Ricardo Jiménez a renunciar su candidatura.

Don Otilio Ulate denunció desde las columnas de sus periódi­cos todos los atropellos del señor Cortés y sentó las más encendi­das protestas.

ULATE DESCONFÍA DE DON LEÓN

Pero la renuncia de don Ricardo nos creó un problema muy se­rio: Necesitábamos a todo trance un candidato resuelto a levantar la bandera del movimiento oposicionista sin temor a las arbitrarie­dades del Gobierno. Nadie quería exponerse a ser atropellado; y nadie tenía fe en la libertad electoral, y menos en que pudiera res­petar la pureza de los comicios quien un año antes había disuelto un Consejo Electoral.

Autorizado por el Comité ricardista busqué a don Otilio Ulate y le ofrecí la candidatura que acababa de dejar don Ricardo. Don Otilio me contestó textualmente: "Siendo el señor Cortés Presi­dente sólo hay una forma de que yo acepte la candidatura, y es que el Partido disponga de armas. El Gobierno no respetará nunca la voluntad popular y habrá que hacerla respetar por la fuerza".

ULATE DEIFICA A DON LEÓN

Pues bien, este señor Ulate que vio a don León Cortés destituir un Consejo Electoral que presidía don Ricardo Fernández Guar­dia, (14) con el único fin de hacer prevalecer un fraude, y que vioal mismo señor Cortés deshacer a cintarazos la candidatura de don Ricardo Jiménez, fue quien muy pocos años después, con el pelo revuelto en señal de desesperación y con las pupilas humedecidas por el llanto, pronunció sobre el féretro de don León un discurso en que declaraba que había muerto un paladín de la pureza y de la libertad de sufragio en Costa Rica.

Fue aquel un discurso insincero hecho con el propósito de cap­turar el puesto político que abandonaba don León, quien, en el momento de su muerte, era el Jefe de la oposición al Gobierno de don Teodoro Picado. Y lo capturó. Y así se abrió el camino que más tarde habría de conducirlo a la Presidencia de la República.

No quiero que se interpreten estas palabras mías como un irres­peto a.la memoria de don León Cortés. Pero la Historia es la His­toria. Y son las circunstancias las que me obligan a relatar hechos relativamente recientes, y, por tanto, por muy pocas personas ig­norados.

QUERÍAMOS HACERLO CANDIDATO

Los primeros contactos de mi Partido con el Presidente Calde­rón Guardia se efectuaron con motivo de gestiones que se me en­comendaron en favor de una candidatura presidencial de don Oti­lio Díate. Estas gestiones las llevé a cabo con conocimiento y anuencia de don Otilio. Voy a explicar esta actitud nuestra.

Había estallado la segunda guerra mundial y mi Partido soste­nía que debía evitarse la división del país y que convenía que para la sucesión presidencial no hubiese varios candidatos sino uno so­lo apoyado por todos los Partidos. Se nos ocurrió que ese candi­dato único podía ser el señor Ulate.

Nuestros esfuerzos en favor de don Otilio fracasaron porque don León Cortés no quiso renunciar su candidatura. Me dijo, en presencia de don Fernando Lara (15), que lo que nosotros le pe­díamos era la renuncia de la Presidencia y no la renuncia de una candidatura.

Por aquellas fechas ya estaban gestándose las garantías sociales y el Código de Trabajo que iban a constituir el comienzo de una verdadera revolución social en nuestro país.06)

Nosotros, al cabo de un proceso que no es del caso relatar aquí, nos comprometimos a apoyar a Calderón Guardia, cuyo Gobiernoparecía tambalearse, a cambio de que aquellas leyes se dieran.

Enteramos a don Otilio, a quien seguíamos considerando alia­do, de nuestros planes. Don Otilio nos dijo que en su concepto Calderón Guardia nos estaba dando atolillo con el dedo. Pero se comprometió a no obstaculizamos en la obtención de aquellas conquistas tan importantes para el pueblo de Costa Rica.

Sin embargo, un día, en forma sorpresiva -pero ya con cálcu­lo político— don Otilio se echó sobre las conquistas que se había comprometido a no obstaculizar, en un largo artículo que tituló "El Opio de las Garantías Sociales". La salida fue artera e inespe­rada. Y así fue como el señor Ulate rompió con nosotros.

Desde aquel momento don Otilio puso en juego todos sus re­cursos y toda su habilidad para hacer fracasar las Garantías Socia­les y el Código de Trabajo. Todas sus publicaciones de esa época revelan ya su propósito de capitalizar todas las fuerzas reacciona­rias del país con miras a su candidatura presidencial. Comprendió que era más fácil llegar a la Presidencia combatiendo al Gobierno que apoyándolo. Comprendió también que el apoyo de nosotros los comunistas era menos importante que el que pudieran darle los ricos afectados por la legislación social. Vio con claridad que las fuerzas de la caverna que nosotros estábamos desatando podían jugar un papel muy decisivo en los años que se aproximaban.
La lógica de los hechos llevó a don Otilio a convertirse en un peligro cada vez mayor para las conquistas sociales. Por consiguien­te, cada vez se fue acentuando más la enemistad entre don Otilio y nosotros.

Pero no se trataba de enemistad personal sino ya de un choque de fuerzas sociales. El señor Ulate había terminado convirtiéndose en el símbolo de la reacción nacional, en el vocero de las fuerzas conservadoras, y, más tarde, en vocero de las compañías norteame­ricanas y del propio Departamento de Estado.

Cuando la Iglesia Costarricense, encabezada por Monseñor Sa-nabria.OT) uno de los hombres más ilustres y más-nobles que ha producido este país, se puso del lado de la reforma social, don Oti­lio Ulate embistió a Monseñor Sanabria. Lo atacó venenosamente. Usó contra él todas las armas e intentó usar también la del ridícu­lo. Con frecuencia aparecía en las páginas de Diario de Costa Rica la caricatura de Monseñor Sanabria con la hoz y el martillo en el pecho.

Ruego a quienes me escuchan confrontar los anteriores hechos con el siguiente párrafo que tomo textualmente del discurso del señor Ulate que estoy comentando:
"Los trabajadores costarricenses deben aspirar a que se perfec­cionen y se cumplan los derechos que les han sido otorgados con mucho regateo".

Los derechos a que se refiere el señor Ulate en el anterior pá­rrafo son las Garantías Sociales, los seguros sociales y el Código de Trabajo.

No fueron estos derechos otorgados en forma graciosa a los tra­bajadores. Los trabajadores tuvieron'que luchar por obtener —es­pecialmente contra Ulate- y tuvieron luego que sacrificarse para consolidarlos. Hoy están consolidados y ningún político podrá echarlos impunemente por tierra. ¿Cree el señor Ulate que el pue­blo de Costa Rica, el verdadero pueblo, ha olvidado tan pronto la historia de ayer?

Sin embargo, líneas más adelante, don Otilio enseña la ponzoña. Afirma que el Partido Comunista ha inculcado a los trabajadores el "derecho a la pereza" y los ha hecho vagabundos. Esto quiere decir que don Otilio tiene el concepto de que los trabajadores cos­tarricenses, al amparo de sus derechos sociales, están negándole sus fuerzas a la producción y, por lo tanto, arruinando la econo­mía nacional. ¿Qué sinceridad puede haber entonces en sus pala­bras cuando les ofrece a los trabajadores mejorar sus derechos? ¿Qué derechos pueden tener quienes para el señor Ulate son vaga­bundos y perezosos?

El señor Ulate es un liberal cuya mentalidad se nutrió con las ideas de los enciclopedistas franceses. Por tanto, esa mentalidad está muy lejos del espíritu religioso. Asilo puso en evidencia cuan­do escarneció a Monseñor Sanabria sin consideraciones de ninguna especie. Pero ahora, en el discurso que estoy comentando, hace acto de contrición y se arma da camándula y agua bendita. Lo ima­gino con los ojos entornados cuando echa mano de una Encíclica Papal y nos da la noticia de que la Iglesia tiene política social. A don Otilio le interesan las encíclicas papales únicamente en el pa­pel y cuando pueden servirle para hacer política. No le interesan, y hasta le repugnan, cuando lo que tienen de positivo para la cla­se trabajadora puede cristalizar en hechos. No otra cosa ocurrió cuando Monseñor Sanabria, apoyándose en la Encíclica Rerum Novarum ayudó a promulgar el Código de Trabajo.

NUESTRA ACTUACIÓN DURANTE LA GUERRA CIVIL

Presenta el señor Ulate a los comunistas, una vez más, como gentes fanáticas y rencorosas, incapaces de conducirse con huma­nidad y por tanto divorciadas de la índole nacional. Recordemos, entonces, algunas actuaciones nuestras.

Al iniciarse los acontecimientos armados de 1948 don Otilio fue detenido y conducido a la Penitenciaría por autoridades al ser­vicio del Gobierno. Minutos después de haber ocurrido este suce­so me llamó Monseñor Sanabria al Palacio Arzobispal y me dijo que cierta persona de muy alta posición lo había visitado para co­municarle que la libertad de don Otilio podía obtenerse mediante el pago de SO mil dólares. Me pidió Monseñor que interviniera a fin de conseguir que don Otilio fuera libertado.

Comuniqué a la Dirección de mi Partido lo que estaba pasando y se me autorizó para exigir al Gobierno la libertad del señor Ula­te sin ninguna condición, y para protestar por el chantaje de que me había enterado el Arzobispo.

Sin perder tiempo me trasladé a la Casa Presidencial.

El Presidente Picado me dijo que no estaba enterado de que el señor Ulate hubiese sido detenido porque de él no había emanado ninguna orden en ese sentido. Y se mostró muy contrariado cuan­do le informé acerca del chantaje.
LLamó luego don Teodoro al coronel don Diego López Roig y le preguntó si era cierto que don Otilio Ulate había sido reducido a prisión. El coronel López le dijo que así era la verdad.

Inmediatamente, y en nombre del Partido Vanguardia Popular, exigí al Presidente de la República la libertad de don Otilio Ulate cuya vida nosotros sospechábamos que podía correr peligro.

En mi presencia ordenó el Presidente libertar al señor Ulate. El coronel López Roig salió del despacho inmediatamente a cumplir la orden; yo no me moví de mi asiento en espera de que la orden se cumpliera.

Un rato después volvió el coronel López. Nos dijo, que don Oti­lio no quería salir de la prisión por temor de que se le estuviera haciendo víctima de alguna celada.
Autorizado por el Presidente me trasladé sin perder tiempo al Palacio Arzobispal y enteré a Monseñor Sanabria de lo ocurrido. Le aconsejé que tomara él personalmente medidas para sacar a Díate de la Penitenciaría y a que el Presidente de la República esta­ba anuente a respaldado, lo mismo que mi Partido. Horas más tar­de Monseñor en persona sacó al señor Ulate de la prisión.

No recuerdo si fue en esa misma oportunidad —es decir, a la sa­lida de la prisión- que el señor Ulate se refugió en el Palacio del Arzobispo. Monseñor le pagó con buena moneda, como se está viendo, sus ataques y cuchufletas. Puede que esto hubiese ocurri­do unos días después. Lo cierto es que la dirección de mi Partido nunca ignoró que Ulate se encontraba en el Palacio Arzobispal. Pero guardó siempre el secreto.

Cuando Monseñor tuvo que abandonar su Palacio para trasla­darse a la Sierra a conversar con Figueres, en busca de una fórmu­la de arreglo, dudó mucho antes de dar ese paso, por temor de que le ocurriera algo al señor Ulate. Por fin me dijo, de manera franca, que él sólo tenía confianza en los soldados de Vanguardia Popular; que desconfiaba de la policía que manejaba Tavío (18), y que si yo me comprometía a hacerle cuidar el Palacio por los milicianos vanguardistas, él iría con confianza a realizar su misión.
Y, en efecto, durante la ausencia de Monseñor Sanabria, el Pa­lacio Arzobispal, con don Otilio adentro, estuvo cuidado por los mejores hombres de Vanguardia Popular.

 EL REVERSO DE LA MEDALLÁ

Un año más tarde, en 1949, cuando Monseñor Sanabria le pidió al señor Ulate, por medio del Dr. Pinto, que hiciera gestiones con la Junta de Gobierno que presidía Figueres para que se le permi­tiera a Carmen Lyra (19) venir a morir a Costa Rica, Ulate se negó a hacer esas gestiones.

Y en el año 1950, con motivo de unas bombas que estallaron en la capital, Ulate, ya Presidente, ordenó que se me hiciera preso no obstante que él tenía que saber que ninguna injerencia estaba teniendo yo en el asunto de las bombas. Pero hubo más: ordenó que se me pusiera dentro de una celda en el pabellón donde se alo­jaban los reos más peligrosos del país. Los demás presos políticos fueron alojados aparte. Yo estuve a punto de ser golpeado y tal vez asesinado por dos de los bandidos en cuya compañía me había puesto don Otilio. Pero me salvó la intervención de uno de los pre­sos a quien yo en alguna ocasión le había prestado algún servicio profesional.(20)

No obstante todo esto que dejo relatado con el propósito de presentar mejor la personalidad de don Otilio Ulate, debo declarar que nosotros no estamos combatiendo a este político por odio personal. Lo estamos combatiendo porque tenemos la convicción de que él representa en la vida nacional fuerzas muy negativas. Sa­bemos que jefea lo que podríamos llamar el ala reaccionaria del Partido Unión Nacional.(21) Consideramos contraproducente su influencia en ese Partido porque esa influencia será la influencia de los grandes monopolios norteamericanos, la de las corrientes que en los Estados Unidos son partidarias de la guerra y enemigos de la paz.

El anterior cargo -que ya nosotros le hemos formulado a don Otilio en otras oportunidades— es rebatido por este señor en el dis­curso de que me vengo ocupando. Y pretende destruirlo apoyán­dose en su pasado. Mala defensa, porque ahora no interesa lo que puede llegar a ser en lo futuro. Pero como decía Don Quijote, "en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño".

NUESTRA LINEA ELECTORAL

Paso ahora a comentar la línea política que nosotros nos he­mos trazado frente al actual proceso electoral. (22) Al definir y comentar esa línea trataré de explicar concretamente algunas de las razones que nos mueven a ver con recelo la intervención del se­ñor Ulate en la política nacional.

Nuestra línea se resume así: Vamos a votar por las papeletas de diputados del Partido Calderonista. (23) No vamos a votar por ninguno de los candidatos a la Presidencia de la República.

La primera consigna no significa que tengamos algún pacto con el Dr. Calderón Guardia. Por el contrario, entre el doctor y nosotros existen grandes divergencias. Estamos ayudando al triun­fo de estas papeletas por dos razones: porque creemos que la ma­yor parte de sus integrantes son ciudadanos con mentalidad demo­crática que lie van a la Cámara el compromiso de defender los avan­ces sociales conseguidos por la clase trabajadora hasta el momen­to: y porque consideramos que lo que más le conviene a nuestro país, en las actuales circunstancias, es que el futuro Gobierno de Costa Rica, encabécelo quien lo encabece, no cuente con una mayoría parlamentaria.

 El fraccionamiento de la Asamblea Legislati­va, en consonancia con las diferentes corrientes de la opinión pública, será una garantía muy importante para la conservación del régimen democrático y obligará al futuro Gobierno a poner todo su empeño en la realización de una obra administrativa buena. U* Gobierno sin mayoría parlamentaria tendrá que buscar el apoyo de las grandes masas populares. Por estas razones es que votaremos -por las papeletas calderonistas. Los diputados calderonistas con? tituirán una fuerza independiente en la Asamblea, la cual, segur? mente, tendrá que dar su apoyo a las buenas iniciativas del Gobie no o de los Partidos y estará obligada a combatir las que sean m las, las que se orienten a desnaturalizar el régimen democrático a comprometer la soberanía nacional. Otra política sería suicic para el calderonismo, que ha sufrido suficiente, tanto como nosotros; que ha aprendido en la realidad que las instituciones democráticas son en este momento el tesoro que debe defenderse ce más resolución y con mayor espíritu de sacrificio.
Todas estas consideraciones son las que nos mueven no sólo apoyar con nuestros votos las papeletas calderonistas sino a lucir por ellas, sin que ello signifique que exista ningún pacto entre calderonismo y nosotros. Confiamos en sus promesas pública confiamos en su honor, y confiamos en la masa popular caldero rusta que sin lugar a dudas constituye una fuerza progresista ten piada en la lucha social y en el dolor de las persecuciones.

Nuestra segunda consigna, la de no votar por ninguno de Ir candidatos a la Presidencia de la República en tanto no véame con claridad cuál va a ser la política de esos candidatos frente las fuerzas económicas y políticas de los Estados Unidos no nací del capricho sino del conocimiento que tenemos de los graves peligros que amenazan a nuestro país en este campo. Nosotros estamos convencidos de que en los años que vienen se le plantearán al 'Gobierno de Costa Rica problemas muy serios de cuya resolución acertada o desacertada va a depender la suerte de nuestras institu­ciones y la conservación o no de nuestra independencia.

EL PETRÓLEO EN NUESTRA POLÍTICA

Voy a explicar un poco más nuestro pensamiento relatando en forma muy sucinta antecedentes que nos constan. Siendo Presidente de la República el Dr. Calderón Guardia los intereses petroleros de los Estados Unidos gestionaron una conce­sión ante nuestro Gobierno. Dicha concesión fue aprobada ad-referéndum por el Poder Ejecutivo y firmada por el Ministro de Fomento. Por la Compañía gestionante -Honolulú Oil Co. cuyo personero en Costa Rica era un señor Hoover- firmaron dos per­sonas: una de ellas era el Lie don Fabio Foumier. (24) , hoy candidato a diputado por del echandismo.

El Presidente Calderón Guardia se negó a firmar la concesión después de que nosotros le demostramos, con informes y con do­cumentos, que era mala para el país.

Durante el Gobierno de don Teodoro Picado los petroleros rea­nudaron sus gestiones y a mí, como miembro de una comisión par­lamentaria, me correspondió intervenir en las discusiones que se llevaron a cabo. En ellas intervino de nuevo el Lie. Foumier. Esta vez la Compañía aceptó modificaciones sustanciales y muy impor­tantes al contrato primitivo.

Con el contrato así modificado yo me trasladé a México, siguien­do instrucciones del Presidente Picado, para consultar el documen­to con técnicos, en la materia, de aquel país. Pero no pude hacer la consulta porque toda la documentación me fue sustraída del hotel el mismo día de mi llegada a México. Alguien que tenía acce­so a los hoteles de México en aquellos días de la segunda guerra mundia¿ llevó a cabo la sustracción.
Regresé a Costa Rica y mi Partido, desde aquel momento, se opuso a que se contratara la explotación de nuestro petróleo en tanto no hubiese cambio de Gobierno.

Pocas semanas después de haberse terminado la Guerra Civil, la Junta de Gobierno aprobó la misma contratación petrolera que nosotros habíamos logrado que el Dr. Calderón rechazara. Pero la Constituyente (25) se negó a ratificarla. Meses después don Otilio mate, ya convertido en Presidente de la República, lo hizo Ley.

Advierto que para esta fecha la compañía gestionante ya no se denominaba Honolulú Oil Co. sino de otra manera. Pero lo del nombre es lo de menos. Lo de más es otra cosa: que en la contra­tación firmada por el Presidente Ulate ni siquiera están incorpora­das las modificaciones que la Compañía había aceptado bajo el Gobierno de don Teodoro. ¿Ocurrirían todas estas cosas por ca­sualidad?

RECHAZAMOS LA OCUPACIÓN

Pasamos a otro asunto.

En el curso de la segunda guerra mundial cierta potencia, en­tonces aliada nuestra, gestionó un tratado que en la práctica con­ducía a la ocupación de nuestro país por fuerzas extranjeras. Se alegó que se le demandaba a Costa Rica un sacrificio en a¿as de la civilización y de la democracia. La posición geográfica de nuestra República, en medio del Canal de Panamá y del futuro Canal de Nicaragua, "y, además, ubicada en el corazón del Mar Caribe, nos obligaba, según el criterio de esa potencia, a permitir que se nos ocupara. Nosotros hicimos resistencia a que tal tratado se forma­lizara. Hicimos ver con toda claridad que nuestro pueblo se opon­dría, sin diferencias de ideas ni de intereses políticos, a que el sue­lo nacional fuera ocupado por fuerzas extranjeras. El Dr. Calderón Guardia no le dio curso al Tratado.

WASHINGTON EXIGE NUESTRA ILEGALEACION

La reacción contra nosotros no se hizo esperar. La misma po­tencia a que acabo de referirme pretendió, ya siendo Presidente el Lie. Picado, que los cinco Gobiernos de Centro América se com­prometieran, mediante convenio secreto, a poner fuera de Ley al comunismo en todo el istmo centroamericano. Cuando el docu­mento llegó a manos del Presidente de Costa Rica ya venía firma­do por Somoza, Carias y Castañeda Castro. (26) No lo había fir­mado Arévalo. (27) Tampoco lo firmó Picado.
Don Otilio fue invitado a visitar los Estados Unidos, también por aquellos mismos días. En Washington fue alojado en Blair House. Cuando regresó a Costa Rica -todavía con el polvo del ca­mino pegado a la suela de sus zapatos— hizo que un grupo de di­putados cortesistas le firmara un documento'que era una deman­da al Presidente de la República para que pusiera fuera de Ley al Partido Vanguardia Popular. Hasta aquel día no se había atrevido a enderezar semejante ataque contra sus antiguos aliados y ami­gos. Probablemente le ha de haber costado mucho esfuerzo ven­cer sus últimos escrúpulos de viejo liberal. Pero los venció.

Como era lógico, el señor Picado se negó a ponernos fuera de ley. mate, seguramente, ganó buenas indulgencias en Washington.en ese período. Nos parece que tampoco fue casual esta notable colaboración que Washington le dio a don Otilio.
Cuando a mí se me expulsó del país, la F.B.I. -cuyo jefe es otro Hoover—(29) al pasar yo por Panamá, donde el coronel Re-món (30) me mantuvo preso, se apoderó de todos los documentos privados que llevaba en una cartera y los fotografió. Esas fotogra­fías le fueron entregadas rápidamente al señor Díate y no a la Jun­ta de Gobierno. Don Otilio, con orgullo y regocijo, usó muy pron­to algunos de ellos, aunque a su manera, es decir, adulterándolos.

Entre esos documentos había una carta que yo había dirigido al presbítero Núflez en 1947, (31) dándole las gracias por un cua­dro que me había obsequiado. Entre otras cosas pedía yo al señor Núfiez en dicha carta que me saludara a "nuestro amigo común": me refería claramente a Monseñor Sanabria. Pues bien, Ulate la publicó hace algún tiempo, pero le dijo al país que aquel saludo mío era para el señor Hgueres y no para Monseñor. ¡Esa es su pro­bidad periodística!

LA ENTREVISTA DE OCHOMOGO

En su último discurso basándose el señor Ulate en los mismos documentos, pero siempre tergiversándolos, repite su vieja novela de que Figueres y yo nos repartimos el pastel al terminar la guerra civil. Don Otilio sabe de sobra que está falseando la verdad. Pero le interesa falsearla.
Yo subí al Alto de Ochomogo a hablar con Figueres cuando ya don Teodoro había capitulado y en momentos en que el país esta­ba invadido por la Guardia Nacional de Somoza. Figueres se había negado a venir a la Embajada de México y yo decidí buscado en su propio terreno. Le expliqué que el país se encontraba invadido bajo el pretexto de que los comunistas nos negábamos a aceptar la capitulación de Picado. Le agregué que nuestro Partido no se de­sarmaría hasta tanto él no nos firmara un pliego de garantías po­líticas y sociales ya que las garantías de vidas y haciendas obteni­das por el Cuerpo Diplomático no nos bastaban. Figueres aceptó mis condiciones, las cuales, al día siguiente, fueron incorporadas al Pacto de la Embajada de México.

PLAN SOBRE CENTRO AMERICA

Nosotros nos desarmamos, con lo que la Guardia Nacional re­gresó a Nicaragua. El señor Figueres incumplió todo lo pactado. Esto lo sabe muy bien el señor Ulate, pero finge ignorarlo.

Permítaseme ahora referirme a otro asunto.
Nosotros sabemos que existe un plan para unir a Centro Amé­rica bajo la presidencia de algún hombre dócil a determinadas fuer­zas internacionales. Conocemos bastante a fondo ese plan.

El primer candidato a la Presidencia de Centro América fue el coronel Arana de Guatemala, quien pereció en una lucha intestina dentro de su propio país.

Muerto Arana se rumoró que el nuevo candidato sería Osorio, de El Salvador. Sin embargo, ese rumor no pasó de ser rumor. En cambio, sí se supo que el nuevo candidato a la presidencia de