El pensamiento y la obra de Manuel Mora Valverde dieron como fruto la consolidación del sistema político y la institucionalidad democrática de la Costa Rica contemporánea, gracias a grandes aportes en la representación popular a través de su participación política en representación y defensa de los intereses de la clase trabajadora costarricense.

Con la fundación del Partido Comunista, el 16 de Julio de 1931, la democracia costarricense comenzó su primera etapa de representación y participación ciudadana real, al unir los esfuerzos de intelectuales, obreros, campesinos y estudiantes en un frente de lucha política, el cual llegaría a lograr las mayores conquistas sociales de la época. Manuel Mora Valverde, siendo diputado cinco veces, la primera con tan solo 25 años de edad, convirtió al Partido en una institución con instrumentos para la defensa de los intereses de la clase trabajadora, que lograba representar al pueblo costarricense en la Asamblea Legislativa, y a la misma vez organizar la lucha social de las masas populares.

La creación de este partido nacía de la necesidad histórica de crear un órgano que tuviera la capacidad de expresar los intereses y las aspiraciones reales de un sector de la sociedad costarricense con ideas de igualdad y de participación política democrática.

Como figura política, logró un inmenso impacto en el desarrollo de una nueva teoría y praxis revolucionaria adaptada a la realidad costarricense. Lo anterior lo definió como “comunismo a la tica”, que se basaba en el uso del método de análisis marxista, articulado a determinada realidad cultural, económica, social y política, que creaba el cuerpo teórico para el accionar político en defensa de los intereses populares.

Este cuerpo teórico desembocó en el programa mínimo del partido, el cual incluía entre otros: A través de esto, fue cristalizando grandes logros sociales desde el plano legislativo, organizacional y a través de la lucha de masas, esto además de una original política de alianzas nunca antes imaginada.

En el llamado “programa mínimo” del partido se destacaban las siguientes reivindicaciones: establecimiento de seguros sociales a cargo del Estado, efectividad de la jornada laboral de ocho horas, ley de salario mínimo, leyes de organización sindical y derecho de huelga, emancipación político-jurídica de la mujer, revisión de los contratos celebrado por el Estado con el capitalismo nacional y extranjero, reforma agraria, intervención del Estado en el control y explotación de recursos naturales y servicios públicos estratégicos, reducción del aparato burocrático, ley de casas baratas para los trabajadores ley de servicio civil, reforma educativa.

La labor legislativa de Mora fue orquestada a la par de la lucha popular, como fue en el caso de la huelga bananera de 1934. Mora se enfrentó a los poderosos intereses de la United Fruit Company al presentar un proyecto de ley para obligar a la compañía para mantener suero Butantán contra las mordeduras de serpiente en sus fincas y quinina contra el paludismo, y a forzar a la compañía a pagar a los trabajadores en dinero, y no en cupones. La UFC manipuló a los diputados que subrepticiamente la representaban para que rechazaran el proyecto, lo que causó que se convocara a la huelga de todos los trabajadores bananeros. Esto marcó el primer episodio del enfrentamiento popular representado por el las fuerzas populares costarricenses y una compañía transnacional.

Estos hechos hicieron que Costa Rica fuera el primer país que pudo obtener una victoria contundente en defensa de clase trabajadora frente a una transnacional, sin necesidad de alzarse en armas. Esto se logró usando una estrategia dual que se forjó a través de la lucha parlamentaria y la lucha de masas. Lo anterior logró fortalecer la institucionalidad civilista del país y la vocación pacífica del partido porque la confrontación democrática prevaleció sobre la confrontación violenta.

Con el advenimiento de los primeros brotes fascistas en Europa, Mora tuvo la gran visión de comprender el peligro que esto representaba para el resto de la humanidad, mucho antes de la Segunda Guerra Mundial. Desde el final de los años treinta, integró fuerzas nacionales para combatir valientemente la influencia de la Alemania nazi sobre los grupos de poder en el país, y evitar el ascenso del fascismo en Costa Rica, tomando grandes riesgos y enfrentándose a poderosas fuerzas nacionales simpatizantes con el Eje.

En los años cuarenta Mora fue pionero de una novedosa forma de articular la lucha social desde su concepto de “comunismo a la tica”, a través de una audaz política de alianzas con dos diferentes y disímiles bloques de poder político. A partir de 1942 Mora comenzó a gestar una alianza entre su Partido Vanguardia Popular, la Iglesia Católica encabezada por Monseñor Sanabria y el gobierno de Rafael Ángel Calderón Guardia.

Esta alianza logró los frutos esperados por Mora, culminando en la creación de la Caja Costarricense del Seguro Social, el Código de Trabajo y las Garantías Sociales, que fueron proyectos desarrollados por Manuel Mora Valverde y su partido, compartidos ideológicamente por sectores avanzados de la Iglesia Católica, y finalmente llevados a cabo por el gobierno de Calderón Guardia.

Mora justificó la política de alianzas del Partido a través de tres ejes principales: defensa de las libertades democráticas, programa de reformas económica, y defensa de los intereses nacionales frente al imperialismo.

Las conquistas de esta alianza política se vieron amenazadas cuando el gobierno de Calderón Guardia comenzó a perder apoyo por los sectores agroexportadores y financieros, que vieron la reforma social como una amenaza a sus intereses, esto ligado declaratoria de guerra al Eje, y la pretensión de los hermanos Calderón a permanecer en el poder a través de su candidato Teodoro Picado. Estos factores fueron los que desencadenaron la Guerra Civil de 1948.

Durante la Guerra, Mora lideró la fuerza principal de combate que defendió los logros sociales en los campos de batalla, aunque siempre objetó la intentona de fraude de los Calderón. En ésta guerra, que duró cinco semanas, José Figueres derrocó finalmente al gobierno de Calderón. La guerra acabó con la firma del pacto de Ochomogo por Mora y Figueres.

La Guerra Civil estaba creando las condiciones para una intervención militar extranjera, desde Nicaragua por Somoza y desde Panamá por Estados Unidos, la cual hubiera sido desastrosa para Costa Rica. En el Pacto de Ochomogo, Mora se comprometía a deponer las armas, y Figueres se comprometía a respetar la legalidad del Partido Vanguardia Popular y la Reforma Social impulsada por el Partido Vanguardia Popular. Mora renunció a las armas pero no a sus principios, así salvando al país de la amenaza de una invasión militar extranjera, y garantizó la permanencia de las conquistas políticas del Partido para el pueblo de Costa Rica.

Más tarde, Mora desarrolló la idea de crear el Consejo Nacional de Producción, el cual era parte de una estrategia nacional para lograr desarrollar la producción agrícola costarricense y ofrecerles protección a los campesinos pequeños y medios, favoreciéndolos a mediante asesoría sobre cultivos, la garantía de precios justos para sus productos y créditos baratos.

En la década de los ochentas, en un gesto de solidaridad internacionalista con el pueblo nicaragüense, Mora envió a la Brigada Carlos Luís Fallas y la Brigada Mora y Cañas, ambas integradas por más de trescientos costarricenses miembros del partido, a combatir contra las fuerzas militares somocistas. Estos tuvieron una importancia invaluable tanto en el triunfo de la guerra contra Somoza, así como en la victoria sobre los esfuerzos desestabilizadores de la Contra, patrocinada por la CIA. Una vez más Costa Rica cumplió para ayudar a un país hermano, y en la tradición de la Campaña de 1856, se enfrentó al imperialismo.

En esta misma década, Mora evitó una intervención extranjera, por segunda vez en su carrera política, al ser astuto y no dejase llevar por las provocaciones del imperialismo a encender la llama del conflicto en Costa Rica.

Al terminar la guerra en Nicaragua, Manuel Mora Valverde se dedicó a crear alternativas políticas para la solución de los conflictos militares centroamericanos, para así pacificar la región. Esto lo pudo lograr gracias a su experiencia en el desarrollo costarricense de posibilidades de una transición pacífica al socialismo. Frente a la alternativa de la lucha armada, presentada por el resto de los países latinoamericanos, Mora defendió la vía pacífica de hacer la revolución.

Mora logró muchos éxitos e innumerables victorias sabiendo deshacerse de dogmatismos de visión estrecha, con un accionar político ajustado a la realidad nacional dentro de sus determinadas condiciones histórico-materiales. Supo darle a su revolución de carácter civilista un contenido que no era la transición violenta, sino la transformación de la estructura de la sociedad. El método estratégico de acción fue dejar lo electoral en un carácter secundario, y colocar la organización de masas populares operando paralelamente con su representación legislativa.

En síntesis, el legado de Manuel Mora Valverde es la Costa Rica contemporánea, con su democracia e institucionalidad forjadas en las luchas sociales de los años cuarenta, y luchas que fueron heredadas a todos aquellos costarricenses que vieron sus intereses y aspiraciones representadas en la obra de Mora. A través de su pensamiento y accionar político logró mecanismos para emancipar a las masas populares de la explotación y le entregó al pueblo costarricense las herramientas para defender su soberanía, sus derechos, y su futuro. Al tener éstas herramientas, Costa Rica ha podido llegar a soluciones para defender sus conquistas sociales sin necesidad de empuñar las armas.

Manuel Mora Valverde vive en todos y cada uno de nosotros los costarricenses, porque el modelo de desarrollo con derechos y garantías del que gozamos emanan de la lucha de toda su vida